viernes, 29 de agosto de 2014

Fogones de Japón I


Vías del tren camino al parque de Yoyogi
Eran poco más de las 8 de la tarde cuando aterrizábamos en el Aeropuerto Internacional de Narita, tras 4 años estudiando el idioma y ahorrando, por fin pisábamos una de las más de 6.800 islas que forman el archipiélago. Tras unas 4 horas perdidos en el metro, con maletas y mucha hambre, llegamos a nuestro apartamento, un sexto piso con el ascensor averiado en pleno centro de Tokio. Aunque pequeño y junto a la autopista, con una enredadera que el último día se había tragado la barandilla de las escaleras del cuarto piso, el edificio estaba muy bien situado.


Son las cuatro de la madrugada cuando los primeros rayos de sol empiezan a calentar las calles, estamos sentados en el bordillo de la acera, comiendo takoyaki (bolas del tamaño de una albóndiga elaboradas con harina, huevo y agua, rellenas de pulpo y sazonadas con salsa de soja, copos de atún seco y alga nori), yakitori (brochetas de pollo a la plancha con salsa teriyaki) y patatas fritas sabor a pizza, viendo como la vida en la gran ciudad no había parado en ningún momento desde nuestra llegada. La comida la habíamos comprado en un konbini (tienda de conveniencia 24 horas) a pocos metros del apartamento. No era gran cosa teniendo en cuenta que se trataba de un precocinado, pero al menos era precocinado en el mismo día. Ni tan mal para un primer contacto con la gastronomía japonesa.

Dormimos unas pocas horas, el jet lag casi no nos había afectado y nos habíamos pasado todo el vuelo dormidos. Sin prisas decidimos desayunar en el konbini por comodidad antes de perdernos por las calles de Tokio en busca de experiencias gatsronómicas. Estas tiendas de conveniencia, como su nombre indica, nos venían al pelo. A cualquier hora podíamos comprar productos tanto de primera necesidad como revistas, artículos de baño y muchos tipos de dulces. Decidimos tirar a lo raro, con un café frío cada uno se atreve con algo diferente. Meronpan (pan dulce cuya forma recuerda al melón pese a no llevar esta fruta entre sus ingredientes), dorayaki (similar a las tortitas y relleno de pasta dulce de judía roja) y nikuman. Éste último se trata de un bollo de harina de arroz al vapor relleno de carne con una salsa algo dulzona (¡En breve receta en el blog!). Este bollo se convirtió en un clásico de nuestros desayunos, hamaiketakos y meriendas, dependiendo del día.
Vías de tren elevadas camino al Parque Yoyogi

Al día siguiente teníamos un examen con el que la academia decidiría en qué nivel situarnos, por eso decidimos hacer un plan tranquilo para ese primer domingo en Japón. Visitamos el parque de Yoyogi, dónde se encuentra el templo Meiji, uno de los más importantes de Tokio junto al Yasukuni en Asakusa. El parque de Yoyogi, a la vez que los jardines del palacio imperial, son para Tokio lo que el Central Park para Nueva York. Al pasar la enorme puerta torii que indica que te adentras en territorio sagrado, los ruidos de la ciudad se desvanecen poco a poco hasta no escuchar más que el viento azotar los árboles y los pájaros piar. Con un poco de suerte, al igual que nosotros, podréis presenciar una boda típica japonesa. Frente al templo es habitual ver decenas de barriles de sake amontonados en una estructura de madera, ofrendas de las destiladoras. Desde hace unos años se hace lo mismo con barriles de vino.
Barriles de sake apilados
Boda tradicional japonesa el templo Meiji
Entrada al templo

Tras un relajador paseo por los jardines reales de Yoyogi, mandados construir por el emperador Meiji para su relax, con un lago que emerge de un manantial natural repleto de carpas y otros animales, arrozales, un campo de petunias y su casa de té particular; es hora de salir por el otro extremo del parque, frente a la estación de Harajuku, Meca del joven a la moda. Este barrio de éxito entre los adolescentes alberga cientos de tiendas y restaurantes dedicados a ellos exclusivamente. Si estás a la moda este es el barrio al que debes de ir a exhibir tus conjuntos.

En muchos restaurantes se pueden encontrar estas maquetas de plástico que indican el menú del local

Es casi de noche cuando volvemos a nuestro barrio. Rodeando la estación de Yoyogi se encuentran varios restaurantes de soba, udon o ramen. El soba se trata de unos fideos muy finos, casi hilos, que se comen junto a un caldo dashi (miso, atún seco en polvo y alga wakame) tanto frío como caliente. El udon, aún comiéndose con el mismo caldo, se trata de un fideo mucho más gordo, algo más que el diámetro de un lapicero si me apuráis, a la vez que un poco pastoso. El ramen, por otro lado, viene a ser una herencia de sus influencias chinas. Estos fideos del país de Confuncio se pueden tomar en el mismo caldo que el soba o udon, pero acompañados de col china, surimi, diferentes tipos de carnes hervidas dependiendo de qué ramen escojas, normalmente pollo, ternera o cerdo y, en ocasiones, huevo. Siendo este el primer restaurante que pisamos en tierras niponas me animo a inaugurarlo con un plato que desde pequeño veía en dibujos animados como Shin Chan y Doraemon denominados "anime": El karee raisu. Este plato no es más que arroz blanco con una salsa espesa de curry, verduras (generalmente patata cocida) y carne picada. Normalmente suele añadirse también huevo crudo, a lo que me animaría días más tarde.
Fideos soba
Toda la vida había pensado que cogía bien los palillos chinos, y fue en este restaurante dónde el chef, entre risas, salió de la cocina para enseñarnos como coger debidamente los palillos. Siempre en la mano derecha, el principal sujeto por el anular para que quede estático y el que hará de pinza agarrado con el pulgar, índice y corazón. Tuvimos todo un mes para practicar, y por fin podemos decir que sabemos utilizar bien los palillos chinos. Nos hizo gracia ver como en las tiendas vendían pequeños cuencos con habas de plástico para que los niños aprendiesen a utilizar los palillos sacando y metiendo del recipiente estas bolitas.

Un primer contacto muy interesante y divertido con el país del sol naciente. Su gastronomía, casi entera vegetariana nos sorprenderá en muchas ocasiones. Si os habéis quedado con apetito no os perdáis todos los viernes nuestros relatos gastronómicos por este país en el que modernidad y tradición se fusionan para crear un ambiente mágico.

 

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